martes 28 de julio de 2009

Café


Habla como si nunca empezase, como si esa sucesión atolondrada, aunque siempre prolija, ordenada y de diáfano sentido, de palabras viniese desde semanas atrás, o tal vez años. Habla como si hablase desde siempre, avanzando sin interrupciones, atravesando con ideas puestas en frases su vida completa. No es monótona, tiene una soberbia capacidad para racionalizar y significar todo lo que pasa a su alrededor, para teorizar a velocidad luz tanto si se trata de Carla, su amiga que se fue a vivir a Amsterdam pero no se adaptó, volvió y ahora está triste porque acá le parece poca cosa y allá no se lo banca, o de los scones que le traen con el café. Todo dispara una idea que ella con dedicación transforma en un par de horas de conversación unilateral. No son monólogos. No porque no cumplan la ley fundamental del monólogo, eso sí que se cumple porque sólo habla ella, sino porque no parece una imposición, ningún interlocutor suyo se siente cohibido ante la idea de interrumpirla y aportar algo. Pero jamás ocurre. Y ahí radica su magia, la forma en que arma las oraciones y reparte los silencios para no aturdir pero dejando un espacio exacto que no permita al otro participar aunque sí fomente la sensación de charla.


La cuchara ahogada en la taza humeante de café con leche giraba al límite, las olas marrones alcanzaban el borde interior de la porcelana pero no saltaban al plato, mucho menos al mantel blanco. La concentración le duraba un par de minutos, sostenía el ritmo, el líquido se debatía cercano al enchastre pero no lo perpetraba. Hasta que se agotaba dejando caer la cuchara dentro y el tintineo atraía la atención de los dos por unos segundos. Ella pronto volvía a su idea. No hacía siquiera un comentario, no parecía percatarse del esfuerzo con que él sostenía el acto extremo de revolver el café con leche sin llegar a ensuciar nada. Era su deporte preferido. Mientras escuchaba ideas que no le interesaban intentaba estirar su capacidad revolvedora mejorando a cada intento en esa disciplina que, pensaba, debería ser olímpica.

viernes 24 de julio de 2009

Perdiendo el tiempo

Una de esas canciones que empujan a escribir (a pensar primero y a escribir después, que es la mejor manera de pensar para que las ideas no se vuelen, no se mezclen y se deshagan ante otras que orondas se presentan como más urgentes, y que, como sucede con buena parte de lo pretensioso, suelen ser más estúpidas y terminan arruinando todo). Entre una pila de hits indestructibles que Calamaro ha escrito en estos últimos años, y que compiló en una caja medio bestial, aparece una joya que se llama Perdiendo el tiempo, una composición de la época de Alta suciedad que quedó fuera de aquél discazo porque a Andrés nunca le gustó mucho la letra.

No es que la poética sea demasiado fina. No es que descubra con una hilera de palabras algo que no sabíamos. Es que habla de lo que somos, de lo que ya no seremos, de cómo los momentos se van y como los vemos ir sin hacer demasiado más que recolectar canciones para pasar mejor el rato (y buscar un corazón blando o algún lugar adonde ir, claro).




martes 9 de junio de 2009

Colonia dos


Pocos grupos de turistas caminaban el lunes a la tarde por el barrio histórico. Dicen que junio es el mes en que menos vienen, la mayoría desapareció cuando se hizo de noche (cuando está oscuro nadie da vueltas por las calles iluminadas por los faroles amarillos, en mis dos días en Colonia caminé varias veces por ahí a esas horas y crucé sólo a algunos perros). Antes un guía enumeraba los datos básicos del país, del departamento y de la ciudad a un grupo que miraba y esperaba el turno de pasar a la próxima etapa de la carrera fotográfica. El hombre apilaba números a los que nadie parecía prestar mayor atención hasta que mencionó la superficie total uruguaya y la cantidad de habitantes del país. Una mujer miró a sus compañeros de viaje e hizo el gesto (que aparentemente es universal) de enrular el dedo índice sobre la base del pulgar. El resto confirmó la pequeñez subiendo y bajando la cabeza.

Dar una vuelta por Colonia en una noche bien fría (y seguramente por eso así de solitaria) se metió, sin aviso previo, en el listado de mis cosas favoritas.

lunes 8 de junio de 2009

Colonia uno


La escena pertenece a una película de hace algunos años, una comedia que se llama No sos vos, soy yo (Juan Taratuto, el director, filmó un par de películas por el estilo sin mayores logros hasta que desbarrancó -o terminó de hacerlo- con la detestable Un novio para mi mujer, ese tratado bobo sobre el desamor que sólo tiene alguna gracia porque tuvo el tino de incluir a la adorable Valeria Bertucelli, capaz de sacar chispas golpeando dos tomates). El protagonista intenta comprender conversando con un amigo por qué su mujer lo dejó (por teléfono) cuando él llegaba a Ezeiza listo para mudarse a Estados Unidos donde ella (teóricamente) lo esperaba. Hablan de los proyectos, de la rutina, el amigo pregunta por el sexo y el protagonista responde:

“Como Colonia, es lindo, está ahí nomás pero no íbamos nunca”.

miércoles 20 de mayo de 2009

La banalidad al palo

¿Pero qué es lo que te molesta de un programa de tele?


Sencillamente que es un compendio de lo peor de la cultura masiva y muestra la indolencia con que recibimos mierda, nos alimentamos de ella, nos regodeamos en ella. Mucho antes la aceptamos y le permitimos que nos convenza de que no hay otra opción posible. Las comedias costumbristas, los noticieros mostrándonos que a cada rato podemos morir porque uno igual que nosotros acaba de hacerlo (siempre omitiendo que quizás hay algunas cuestiones más profundas para analizar, que hay motivos para tanto pibe saliendo a buscarse un par de tiros, porque esos a los que apuntamos como responsables de la inseguridad, de hacernos sufrir tanto a nosotros que somos buenos -no tanto-, nobles -no tanto- y que pagamos nuestros impuestos -no tanto-, en buena parte no son más que pendejos desesperanzados buscándose la muerte, o no temerosos de encontrarla, que viene a ser casi casi lo mismo), las imitaciones estúpidas. Nos apuntan a las emociones más básicas, nos están diciendo que somos así de fáciles. No se preocupan por buscarle una vuelta, por darnos un producto con un mínimo de inteligencia porque saben que no nos interesa, que no queremos un asado de tira -que quede claro que no hablo de algo más sofisticado, ni extraño, ni complejo-, que preferimos una bolsa de suero y una aguja clavada en el brazo.


Pero pará, son cosas distintas.


El recurso es el mismo. Nos tratan de estúpidos y no nos importa, jugamos con esas reglas. Tenemos los pies tan dentro del plato que no nos permitimos siquiera un mínimo de pensamiento crítico. Todo es lo mismo. Los que producen la basura y los que falsamente se mofan de ella usándola constantemente. Y de a poco más y más van descubriendo que es así de sencillo. Y la mierda se impone, crece, se desboca, saca pecho. Copa lugares hace un ratito nomás fuera de su alcance. Se mete en la sección política de los diarios, por ejemplo. Ocurre que de ahí brota otra mierda, diferente en algún punto pero igual de incapaz de admitir que hay otro modo de existir, uno que implica más laburo, que requiere de mayor compromiso, empujado por otros motores, no por la codicia y el mayor beneficio al menor costo posible. Hay otra manera de pensar, que implica otra manera de ser (lo que creemos y lo que somos es lo mismo, no hay diferencia). Pero la mierda se la come, la empuja, reduce sus espacios y genera un panorama tan homogéneo que ese otro modo (pongámosle “ideales” si se quiere, por llamarlo de algún modo) parece tan naif como una virgen paseando por el puterío más rancio.

Y acá las mierdas se dan la mano y nos muestran más claro que nunca que son lo mismo. Que se necesitan y deben convivir porque ninguna puede existir si la otra cede espacio en su carrera desesperada por destruir cualquier atisbo de pensamiento (iba a escribir “independiente” pero es una estupidez, cualquier ejercicio de pensamiento es independiente, si no lo es no es pensamiento, es un artilugio, un sofisma vil). Enumerar los ejemplos de este modo de actuar puede ser agotador, sobran en un diario de cualquier día. Tomemos el último, quizás el más claro. Un grupo de malos actores haciendo malas imitaciones de malos políticos y convirtiendo un mal programa en un espacio de falso debate. Falta que eso influya en los resultados de las elecciones venideras (según encuestas más de la mitad de los argentinos piensan que esto sucederá. La nota sobre Gran Cuñado fue la más leída ayer en la web de Clarín) para que merezcamos nuestro diploma de pseudo república de mierda, de no país. Ya tenemos lo poquitito y feo que nos supimos ganar. Y vamos por más.

jueves 9 de abril de 2009

De muros, seguridades y unas cuantas estupideces más


Sería interesante leerlos, ocurre que para eso tendrían que ser sinceros porque lo interesante de leerlos sería saber qué piensan, cómo creen que taponar una salida de un barrio pobre puede mejorar la seguridad. Y en realidad lo mejor sería ir más allá, intentar entender qué piensan que es la seguridad, si de verdad creen que es un problema o si sólo lo usan como una herramienta capta votos. Podría decir que creo que siempre hacemos lo mejor posible, que somos nobles y que las hijaputeces surgen a partir de errores y no como una genuina expresión de lo indigno que un humano puede ser. Podría decirlo pero mejor no lo digo, ya no me lo creo. Y decía que sería interesante leerlos, y lo intenté pero alguien dijo, creo que alguien cercano al grupo de estúpidos que piensa que una pared mejora o cura o vaya uno a saber qué hace, que no se trataba de un muro sino de bloques de cemento. Podría buscar la cita pero la holgazanería no me lo permite. Dijo más o menos eso, lo cual no resiste el menor análisis. Sería como decir que el otrora famoso, hoy disuelto en las mieles del olvido, venezolano de la valija repleta de guita sólo trajo un recipiente de cuero con una serie de papeles pintados de verde y con cierto valor de cambio. ¿Acaso modifica en algo la cuestión? Entonces no puedo leerlos, no puedo escucharlos, no tengo la fuerza como para exponerme a una serie de argumentos imbéciles pero en especial, y aun mucho peor, de una vileza sin fin. Detrás hay algo interesante, sin dudas, yo no llego, me bajo en la primera estación y el recorrido es larguísimo.

Se acercan elecciones y hace tiempo que la seguridad es un tema. Se ofrecen soluciones que no solucionan ni solucionarán nunca nada porque parten de la premisa falsa de que la seguridad es un problema. La seguridad es un síntoma. Eso lo sabe cualquiera que tenga medio dedo de frente. Del mismo modo, cualquiera que tenga una neurona viva o, al menos, haya visto medio capítulo de Dr. House entiende que atacar a un síntoma sirve de muy poco. Tenemos un tumor del tamaño de una pelota de rugby en el abdomen y lo estamos tratando con pomadas antiinflamatorias.

La exclusión es el problema. Un chimpancé lo entiende. ¿Y cómo solucionamos la exclusión? ¡Pero claro que sí! Excluyendo. Lo más grave del muro sanisidrense es que los políticos del, en parte y sólo en parte -y en una parte menor, creo-, acomodado partido de zona norte parecen nunca haber tenido nueve años, nunca haber querido un chocolate y nunca haber sentido lo que se siente cuando uno quiere algo y se lo niegan. A mayor negación, mayor deseo. No es difícil, no hay que estudiar, no hay que leer a los grandes pensadores, hay que estar atravesados por un mínimo de humanidad, nada más. A ese espacio de sentido común se reduce esto. Es tan, pero tan sencillo.

Y todo esto si partimos de la idea de que de un lado del muro se encuentran los malhechores, la cual de por sí es dudosa (por no decir que es flagrantemente falsa y que seguramente en La Horqueta hay una densidad de población delincuente mucho mayor que en Villa Jardín. Ok, esto es un prejuicio pero sin dudas es más noble que el que empujó a poner esos bloques de cemento, y yo creo que más cierto también).

Intentemos sinceramente que este país sea más justo. Que la pasta base sea una elección y no el único camino posible. Que la educación pública deje de ser una broma de mal gusto. Que la educación privada sea un gusto para padres e hijos pijos y no la única salida posible si se quiere tener profesores que asistan a dar clase. Que la seguridad social exista. Que el estado aparezca. Que argentina sea un país. Ya es hora de avanzar, de entender que las postales de lindos paisajes, los deportistas a veces triunfantes, los científicos exportados, la comida rica y las chicas bonitas son sólo algunas partes, el país es otra cosa. Y hay que construirlo de una puta vez.

miércoles 8 de abril de 2009

El deseo, la vida y la muerte. Lacan


La vida es eso: un rodeo, un rodeo obstinado, por sí mismo transitorio, caduco y desprovisto de significación. ¿Por qué razón en ese punto de sus manifestaciones llamado hombre, algo se produce que insiste a través de esa vida y que se llama sentido? Nosotros le decimos humano, pero, ¿es esto tan seguro? ¿Es tan humano el sentido? Un sentido es un orden, es decir, un surgimiento. Un sentido es un orden que surge. En él una vida insiste en entrar, pero él expresa quizás algo que está totalmente más allá de ella, pues cuando vamos a la raíz de esa vida y detrás del drama del paso a la existencia, sólo encontramos la vida unida a la muerte.

martes 24 de marzo de 2009

You’ll Never Walk Alone


La compusieron para un musical de Broadway allá por los cuarenta y tiene muchísimas versiones, la cantaron de Sinatra a los Die Toten Hosen, pero a mí me llegó por primera vez hace tiempo desde las televisadas tribunas de Anfield Road y me generó una instantánea simpatía por el Liverpool. Con esa banda de sonido uno parece capaz de enfrentarse a Godzilla armado con un alicate. La letra es sencilla pero muy potente. Y no más palabras. Música. La foto es de Pt. Stanley, seguramente será la casa del hincha red más austral del planeta.



When you walk through a storm,

Cuando camines atravesando una tormenta

Hold your head up high,

Mantén bien alta la cabeza

And don’t be afraid of the dark.

Y no te preocupes por la oscuridad

At the end of a storm,

Al final de la tormenta

There’s a golden sky,

Hay un cielo dorado

And the sweet silver song of a lark.

Y el dulce y plateado canto de una alondra

Walk on through the wind, Walk on through the rain,

Camina a través del viento, camina a través de la lluvia

Though your dreams be tossed and blown..

Aunque tus sueños se vean sacudidos y golpeados

Walk on, walk on, with hope in your heart,

Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón

And you’ll never walk alone...

Y jamás caminarás solo….

You’ll never walk alone.

Nunca caminarás solo.

Walk on, walk on, with hope in your heart,

Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón

And you’ll never walk alone…

Y jamás caminarás solo….

You’ll never walk alone.

Nunca caminarás solo.


jueves 19 de marzo de 2009

dios


Un tipo que es la máxima figura de un culto que tiene millones de fieles se planta en la región más golpeada por una tremenda enfermedad y dice que la única opción posible para evitar el contagio es inadmisible por sus estúpidas creencias, a cambio propone una idiotez que ni siquiera cumplen buena parte de sus empleados. Alguien debería meter preso al papa, alguien debería abolir de una buena vez su religión que promueve la muerte.

miércoles 18 de marzo de 2009

Es que yo siempre llego tarde...